El “yayo” José siempre se
sienta junto a la ventana, le acompaña su vasito de tinto. Le gusta ver a las
personas pasear, siempre se las queda mirando y las acompaña de un: ¡Vaya usted
con Dios! Las sigue con la mirada desde que apuntan la calle hasta que bajan
las escaleras. A veces susurra alguna cosa, inteligible pero acompañada de una
sonrisita.
Yo suelo sentarme al
final de las escaleras me gusta mirar la escena. Ya es mayor, siento como si
algún día falte a la cita, veo pasar el tiempo y como poco a poco le cuesta más
seguir la mirada.
Hoy volví a nuestro
inusual encuentro y el “yayo” no estaba…

0 comentarios:
Publicar un comentario